Los emojis, el lenguaje universal… ¿o no?

🎉Hoy se celebra el Día Mundial del Emoji…🎉 ¿Por qué? ¿Nacieron hoy? ¿es el cumpleaños de su inventor? No. Hoy es la fecha que figuraba hasta hace poco en el emoji del calendario de iOS y Android. Para muchos, son una forma de comunicación revolucionaria, para otros son un falso nuevo lenguaje.

¿QUÉ SON LOS EMOJIS?

‘Emoji’ es un término que el español y otros idiomas han adaptado del japonés para hablar de esos ideogramas o caracteres que utilizamos para comunicarnos en mensajería instantánea o sitios web. En origen, la palabra está compuesta por los términos ‘e’ (絵, que significa “dibujo”) y ‘moji’ (文字, que significa “carácter”). Algunos de estos caracteres son muy específicos de la cultura japonesa: geishas, templos Dōjō y comidas como sushi demuestran claramente el origen de estos símbolos.

Algunos predicen que los emojis se convertirán en el primer idioma que nos permita comunicarnos con cualquier persona a nivel mundial, mientras que otros no lo consideran ni universal ni lenguaje, sino únicamente una herramienta lingüística de moda para complementar nuestro lenguaje escrito o hablado.

LOS EMOJIS EN NÚMEROS

Los números relacionados con los emojis son mareantes:

  • Se envían 6 mil millones de emojis o stickers cada día en aplicaciones de mensajería instantánea.
  • Por el momento, Unicode ha aprobado 2823 emojis.
  • WhatsApp cuenta con 1510 emojis organizados en 8 secciones.
  • Hay 3645 caritas sonrientes en The Smiley Dictionary.
  • El 75% de los emojis son positivos y el 25% son negativos
  • El emoji más usado en línea a día de hoy, con 18,5 billones de usos, es la carita que llora de risa.
  • El día del año en el que hay un mayor tráfico de emojis es el día antes de Año Nuevo.

Con todos estos números, ¿qué hacemos todavía hablando idiomas diferentes? ¿Por qué no nos hemos pasado ya al lenguaje universal de los emojis? Tal vez no son tan estupendos…

LOS PROBLEMAS DE COMUNICARNOS MEDIANTE EMOJIS…

En primer lugar, está el problema a nivel técnico, porque distintas plataformas traducen y representan los emojis de forma diferente. Esto significa que, si envías un emoji a través de un dispositivo de Apple en un grupo de WhatsApp, tú lo verás de una forma, un amigo desde Outlook lo verá de otra y otro amigo con Android lo verá de una tercera forma distinta. Esto también pasa con diferentes versiones de un mismo dispositivo. Y lo peor es que quien lo envía no puede saber qué es lo que verá el receptor, y quien lo recibe no sabe qué envió el emisor originalmente.

Segundo, los emojis suelen tener distintas connotaciones según el receptor, que los puede interpretar de la misma manera que el emisor o no. De hecho, el apartado 51 del Estándar Técnico de Unicode explica que prefieren utilizar emojis que puedan tener distintos significados potenciales, ya que esto permite utilizar un solo emoji de formas muy distintas, lo que hace que estos símbolos sean más económicos desde el punto de vista de la comunicación. Sin embargo, es caldo de malentendidos. Este tipo de diferencias pueden darse por cuestiones de cultura, país, región, grupo social o edad.

Por ejemplo:

  • Las manos unidas que aplauden pueden simbolizar desde “por favor”, a “gracias”, “oración” o “chócala” y en China, representan mantener relaciones sexuales.
  • Una encuesta del año 2016 mostraba que la cara aburrida de iPhone se interpreta de formas muy diferentes: decepción, tristeza, no estar impresionado o sospechar.
  • El pulgar hacia arriba, que en la cultura occidental suele ser un signo de aprobación, es vulgar y hasta ofensivo en ciertos países.
  • En China, el emoji del ángel, que en Occidente representa la inocencia o la bondad, es un símbolo de muerte y puede resultar incluso amenazador.
  • También en China, el emoji que sonríe levemente no está para nada contento; al contrario: de todos los emojis que se pueden utilizar para describir emociones, ese es el menos entusiasta. Indica desconfianza o burla.

… Y LAS CONSECUENCIAS REALES DE LOS MALENTENDIDOS:

Aunque en España nos puede parecen absurdo el hecho de que hace unos meses las principales compañías cambiaran el emoji de la pistola por el de una pistola de agua (¿No te lo crees? Búscalo en tu WhatsApp), era un tema importante en países como Estados Unidos. Para evitar fomentar un lenguaje violento, se decidió implementar este cambio. Esto demuestra, lejos de lo meramente anecdótico, el impacto que estos símbolos tienen en la sociedad y viceversa.

Es normal que, cuando la sociedad cambia, el lenguaje la acompañe; por eso, ha habido una integración gradual de cuestiones de diversidad en el mundo de los emojis, tanto a nivel de sexualidad como de etnia y género. Al principio, los emojis eran de género neutro y color amarillo, luego aparecieron hombres blancos, luego mujeres, luego distintos todos de piel y, por último, parejas homosexuales. Sin embargo, los emojis todavía tienen trabajo en este aspecto y siguen creando nuevos emojis para incluir a todo tipo de personas.

A un nivel más pragmático, los emojis están causando ciertos problemas legales. En un mundo globalizado en el que cada persona trae su mochila cultural, pensar que los emojis nos van a ahorrar problemas es una idea un tanto crédula.

Por ejemplo, si en Estados Unidos discutes conalguien, ten cuidado con los emojis que utilizas: una pistola, una bomba o un cráneo pueden acarrear serios problemas con la ley por amenazas. Desde el año 2004, ha habido varios casos cuya resolución ha dependido de emojis que se presentaron como prueba, y desde el 2017 han llegado al máximo: contratos, cláusulas, casos de acoso sexual, discriminación, asesinato, amenazas… Y no parece que la tendencia vaya a bajar; al contrario, las complicaciones legales para las empresas tienen pinta de empeorar si se siguen usando emojis como forma de comunicación universal sin tener en cuesta el contexto y la distancia cultural.

En Francia, un hombre fue condenado a tres meses de prisión por enviar a su novia este emoji en una discusión, que fue interpretado por ella y por el juez o jueza como una amenaza de muerte dado el contexto de la conversación.

Este tipo de cuestiones legales también surgen con el uso de emojis mucho más inocentes. En Israel, por ejemplo, tras visitar una vivienda en alquiler, los inquilinos en potencia enviaron un mensaje al casero en el que incluían emojis de celebración. Cuando, más tarde, los inquilinos se echaron atrás después de que el casero retirase la vivienda del mercado, el casero utilizó los emojis como prueba y el juez consideró que indicaban claramente la intención de alquilar la vivienda. Finalmente, los inquilinos tuvieron que pagar unos 2000€ al casero en concepto de daños y las costas del juicio.

SOLUCIONES

¿Cuáles pueden ser las soluciones a este problema? Hay varias propuestas que intentan atajar este problema:

  • Páginas como The Emoji Translation Project y Decodemoji son dos páginas web que están trabajando para poder traducir emojis en texto. Por ejemplo, 😈🤖🙈💀 se traduce como “El astuto mono travieso y robótico está muriendo”; básicamente, intenta dar sentido a un conjunto de emojis que le propongas. Por el momento, ambas páginas son más una broma, una curiosidad o un pasatiempo que una propuesta seria, pero existen un proyecto en Kickstarter para recaudar fondos que, según sus desarrolladores, permitan crear un sistema de traducción emoji-texto escrito fiable.
  • La otra vía pasa por la localización: la adaptación a nivel cultural – no solo de idioma – de un texto a una audiencia determinada. Evidentemente, no vamos a contratar a un equipo de localización para enviar un WhatsApp a un amigo o colega de otro país, pero a nivel comercial, de marketing y de internacionalización sí se debería contar con la opinión de expertos que nos puedan indicar si los emojis de nuestros mensajes son peligrosos en la cultura a la que queramos llegar y que nos proponga la solución más adecuada.

Evidentemente, ambas soluciones pasan, a nivel individual, por concienciarnos: aunque los emojis son muy útiles, simpáticos, concisos y explicativos, no son ni mucho menos universales. Por eso, no tenemos que dejar de utilizar emojis en nuestros mensajes, correos electrónicos y redes sociales, pero sí debemos ser conscientes de la distancia cultural con otras personas – dentro o fuera del mismo país – y esforzarnos por adaptarnos a sus códigos, igual que hemos ido aprendiendo a hacerlo con el lenguaje corporal.

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