La traducción de patentes: su importancia, problemas y retos

Ahí va una pregunta de cultura general: ¿quién inventó el teléfono? Pues Graham Bell, por supuesto, ¿no? Pues no, de hecho, no. Graham Bell no fue quien inventó el teléfono, sino quien registró la patente del invento de Antonio Meucci y se enriqueció gracias a ello. Todo porque Meucci no tenía dinero suficiente para patentar su invento. Es famoso, también, el caso de Thomas Alva Edison, quien se tenía por un prolífico inventor y un genio pero que, en realidad, tenía una habilidad comercial extraordinaria y una fea costumbre de apropiarse de inventos ajenos. Esta injusticia puede parecer una curiosidad aislada, pero nada más lejos: es algo que ha ocurrido con cierta frecuencia a lo largo de la historia. Para evitar que esto te ocurra, debes proteger tu invento en todos los países donde vayas a comercializarlo y, para eso, la traducción puede ser una aliada fundamental.

¿Qué es una patente?

Una patente es el conjunto de derechos que un país concede a un inventor cuando registra un nuevo producto, proceso o tecnología. Estos derechos permiten a la persona que lo registra explotar comercialmente el invento durante un periodo de tiempo y lo protegen para que otras personas no puedan fabricarlo o comercializarlo.

La primera legislación sobre derechos y privilegios sobre una invención (o sea, sobre patentes) es la veneciana del 1474. En España, la primera patente que conocemos se otorgó en el 1478 al sistema de molienda de Pedro Azlor y castigaba con 50 000 maravedís a cualquier otra persona que replicara o sacara beneficio del invento. No fue hasta siglos más tarde, durante la Revolución Industrial, cuando la legislación de patentes y marcas se generalizó a todos los países.

A día de hoy, en la Unión Europea hay dos sistemas de patentes: las nacionales y las europeas. Las nacionales fueron esas primeras patentes que se crearon en cada país a nivel nacional; la patente europea, creada en el 1973, concede los mismos derechos, pero en tantos países como el solicitante quiera. El funcionamiento de la patente europea se explica en este Libro Verde sobre la patente comunitaria y el sistema de patentes en Europa. Además, existe una tercera vía mediante el PCT, un procedimiento internacional unificado de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual para solicitar una patente de forma centralizada. Así se puede dar lugar posteriormente a distintas patentes en muchos países fuera de la Unión Europea (Estados Unidos, Japón, China…).

Evolución del número de patentes de origen español a través del PCT según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual desde el 1980 hasta el 2016.

En cualquiera de los tres sistemas, lo principal es disponer de una idea nueva y explicarla con claridad, de forma detallada y concreta. Sin embargo, eso no es suficiente: hay que entregar la documentación en el idioma correspondiente y utilizando un lenguaje adecuado.

¿Por qué traducir una patente?

Solo en 2018, en España se exportaron mercancías por un valor de 292.063,2 millones de euros, lo que supone un 24,17% del PIB nacional, y estas cifras crecen si observamos los países de nuestro entorno. Por eso, cuando una empresa se plantea comerciar un producto, pretende asegurarse de que tendrá el máximo grado de explotación posible, lo cual incluye su comercialización en el extranjero, con todas las garantías legales que implica el registro de patentes internacionales.

Para presentar una patente europea, en otro país o a través del PCT será necesario traducir la patente original para poder extender sus derechos de explotación a otros países a los que se quiera exportar o en lo que queramos producir porque protegerán el producto bajo las diversas legislaciones que nos podamos encontrar.

No hay más que ver la evolución de la cantidad patentes de origen español que se han enviado a través del PCT desde los años 1980 hasta el 2017 para observar que, cada vez más, se entiende la necesidad de proteger la propiedad intelectual de un invento a la hora de comerciar con otros países:

Registrar una patente puede tardar hasta un año o incluso más si toda la documentación es correcta, pero este tiempo, y el coste final asociado, se pueden multiplicar si la traducción contiene problemas que provoquen el rechazo de la solicitud.

Hay que comprender el invento, redactarlo de la forma más clara posible y comprobar que todo está perfecto y que cada palabra es la adecuada.

Siempre hay que recordar que:

  1. Las patentes son documentos tecnológicos a la vez que legales, con un vocabulario muy específico para explicar el funcionamiento y las partes del invento y para apoyar la documentación legal que lo acompaña.
  2. Las traducciones deben recoger los aspectos técnicos y legales del original sin ambigüedad y con la mayor claridad posible, aunque el texto resultante “suene mal”.
  3. Cualquier errata puede poner en riesgo la solicitud, pero errar es humano e incluso el mejor traductor puede tener algún despiste. Por eso, no solo se debe traducir escrupulosamente, también se debe revisar con extremo cuidado.

Por todas estas dificultades, la traducción de patentes, en muchos casos, es ineficaz y opaca. Obviamente, antes de la era digital era imposible gestionar la solicitud de una patente en otro país sin confiar en un gestor en dicho país. Por ello, muchas veces se perdía totalmente el control sobre los procedimientos y la documentación presentada.

Actualmente, este proceso se puede realizar fácilmente en remoto; no obstante, es no significa que ya no existan problemas en la traducción de patentes. De hecho, una de las principales razones por las que una solicitud se rechaza es porque el formulario no se ha cumplimentado correctamente, lo que, en un alto porcentaje de casos, deriva de un problema de traducción. Existen casos en los que se ha rechazado una solicitud por poner “y” en lugar de “o”, sin ir más lejos. ¿Por qué, si la tecnología ha facilitado la gestión de esta documentación?

Uno de los motivos es, simplemente, que la traducción de patentes es cara. Habitualmente, su coste supone el 40% del precio de presentar una patente internacional, pero puede aumentar en algunas industrias en concreto. Esto se debe al altísimo grado de especialización y a la inversión de tiempo para que la traducción sea perfecta. Para reducir estos costes, a veces se contrata a traductores que no están especializados a nivel legal o técnico, ambas ramas fundamentales. Esto acaba repercutiendo negativamente en el tiempo de espera para poder registrar el invento y en su coste si el proceso se ha de repetir desde el principio.

Retos de la traducción de patentes

La traducción de patentes puede consistir en reescribir en otro idioma una reivindicación de una patente, la descripción o dibujos del invento, la documentación legal… En estos casos, la labor del traductor no es solo la de reflejar fielmente el original, sino que cada nota, cada párrafo, cada título, cada número, cada sinónimo y cada repetición deben ser perfectas. No es una cuestión solamente de traducir bien, sino de conocer el tema y el lenguaje adecuado.

Por eso, en Attesor siempre recurrimos a traductores nativos especializados en el campo tecnológico de cada invento, con conocimientos legales y experiencia previa en la traducción de patentes. Además, hacemos una doble revisión de cada traducción para garantizar la calidad lingüística del documento final. Nuestro proceso nos permite ayudar a nuestros clientes a registrar sus solicitudes de forma eficaz para que puedan explotar sus inventos con todas las protecciones legales allá donde quien llegar.

 

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