«Ni te cases, ni te embarques»: la traducción y el número 13

Para los occidentales más racionales, el 13 es un número natural que va después del 12 y antes del 14, uno de los números primos y el número atómico del aluminio. Para los más supersticiosos (los que no pasan por debajo de una escalera porque les ocurrirá algo malo seguro) y para los que simplemente son cautos (los que entienden que no les va a pasar nada por caminar debajo de una escalera, pero ¿para qué arriesgarse…?), existe la creencia de que el 13 tiene una energía negativa asociada irremediablemente a la mala suerte. Otros, precisamente por esa mala fama, le tienen un cariño especial a esta cifra.

De toda esa gente, la mayoría de los supersticiosos y los cautos solamente lo entendemos como objeto de una superstición, pero quienes sufren triscaidecafobia tienen auténtico terror al número 13. Existen también otras fobias asociadas a esta cifra, como la trizidavomarrtifobia: pánico al martes 13. Si eres anglófono, son embargo, seguramente lo que tengas sea parascevedecatriafobia, la collafobia o la friggatriscaidecafobia, todas ellas distintas formas de llamar al temor al viernes 13.

¿DE DÓNDE VIENE?

Curiosamente, se cree que la mala fama del número 13 se debe a un error de traducción.

Cuando se escribió en varios idiomas el Código de Hammurabi, el primer conjunto de leyes que conocemos, en Babilonia allá por el 1760 a.C., se numeraros las reglas de forma sucesiva, pero, por u

n pequeño desliz con un impacto milenario, se saltaron el número 13. Esto se interpretó como una señal de que este número podía estar maldito u ofender a los dioses y la gente empezó a evitarlo.

Una de las primeras referencias escritas del número 13 asociado a la mala suerte pertenece al mundo nórdico. Loki, dios del engaño, fue el decimotercer asistente (no invitado) a un banquete en Valhalla en el que el favorito de los dioses, Baldr, murió. Desde allí, la superstición se fue extendiendo al sur de Europa.

Traducciones aparte, es cierto que el 13 ha tenido importancia en distintas culturas a lo largo de la historia: para los mayas, era un número sagrado que representaba las fases lunares; en Egipto, el Libro de los Muertos establecía 13 fases para pasar de la vida a la muerte; en la antigua Grecia, traía mala suerte desde que al padre de Alejandro Magno lo aplastó la decimotercera estatua de sí mismo que habían colocado en un templo dedicado a él; en el Imperio Romano, la combinación de martes y 13 era sinónimo de mal fario porque el martes estaba dedicado a Marte, dios de la guerra, la destrucción y la sangre, y se dice que, finalmente, el Imperio cayó en un martes 13; para los judíos, son trece los espíritus malignos; para los Cristianos, hay 13 asistentes en la Última Cena contando a Jesús y a Judas Iscariote, que, igual que Loki en el Valhalla, no estaba invitado. En épocas más cercanas, los Caballeros Templario fueron arrestados y quemados en la hoguera por mandato del Rey Felipe IV de Francia y el Papa en un viernes 13 de 1307.

¿CÓMO NOS AFECTA?

Se ve que los gallegos no somos los únicos que tomamos una actitud cautelosa ante la vida con nuestro “Existir non existen pero habelas hainas”. Nuestro temor al número 13, ya sea consciente y voluntario o inconsciente y precavida, nos ha llevado a dejar que la superstición tenga efectos tangibles en la vida diaria:

 

  • En la Fórmula 1 y algunos equipos de fútbol evitan el número 13.
  • En Francia y España, hay calles en las que se omite el portal número 13.
  • En Madrid no hay línea 13 de autobús. Y no es la única ciudad en la que ocurre…
  • No hay DNI español número 13.
  • En los aviones de muchas aerolíneas, no hay asiento 13 sino 12Bis.
  • En algunos hoteles, no puedes alojarte en la planta número 13.
  • El Museo del Prado no tiene sala 13 de pintura.
  • No existe el modelo Renault R-13.
  • No hay Office 13.
  • En la mayoría de los edificios de Latinoamérica no se cuenta el piso 13, así que los ascensores no paran en él. Si quieres ir a esa planta, tendrás que bajarte en el piso 12 y subir uno a pie o en el 14 y bajar uno a pie.

¿QUÉ NÚMEROS DAN MALA SUERTE EN OTRAS CULTURAS?

Pero las supersticiones están lejos de ser universales y lo cierto es que cada cultura desarrolla las suyas. Por eso, en otros países el número 13 no tiene ninguna connotación negativa, pero se cuidan muy mucho de utilizar otros números…

Por ejemplo, en China el número de la mala suerte es el 4 porque se pronuncia de forma muy parecida a la palabra para ‘muerte’. De hecho, igual que en países occidentales hemos visto que intentamos evitar el número 13, en China pasa algo parecido con el 4 y muchos edificios omiten esa a planta, habitación o piso.

La mala fama del número 4 afecta en Pekín incluso al tráfico. En esta ciudad, en ciertos días se restringe la circulación de vehículos según su matrícula. Como los conductores evitan el número 4, hay muy pocos coches con este número en su matrícula. Por eso, cuando este número está restringido, hay muchos menos coches que tengas que dejar de circular y, por tanto, el tráfico es mucho mayor.

Nos sorprenderá que un país tan cercano geográfica y culturalmente como Italia también se

a distinta en este aspecto. Para ellos, el día de la mañana suerte no es el martes 13 ni el viernes 13, sino el viernes 17. El 17 es un número que no gusta mucho en este país porque, si reordenamos las letras al escribirlo en números romanos (XVII), forma la palabra ‘VIXI’, que significa ‘vivió’ (es decir, que ya no está vivo…).

Por otro lado, en la India tienen una ojeriza especial al número 8, que se asocia con la mala suerte, y al número 26, puesto que muchas desgracias en la historia de la India han ocurrido en el día 26 de algún mes.

En Japón, hay problemas no solo con un número en concreto, sino con

varios: el 4, el 13 y el 9, que suena de forma similar a una palabra que significa ‘tortura’ o ‘agonía’. En muchas aerolíneas japonesas no encontrarás asientos con número 4, ni 13, ni 9. Ya sabes, por si acaso.

A la hora de la verdad

Este tipo de supersticiones, más allá de ser meramente anecdóticas y de servirnos para echarnos unas risas, pueden afectar de forma muy grave a la comunicación internacional de las empresas.

Pero si no conocemos en absoluto una cultura ajena, o, aunque creamos que la conocemos muy bien, ¿cómo podemos asegurarnos de que no vamos a meter la pata? Para eso, en Attesor siempre recomendamos a las empresas que se lanzan a nuevos mercados la localización, que te permite adaptar desde el nombre de una marca hasta un producto o un texto para una cultura distinta a la tuya. Para ello, es necesario un equipo que integre diferentes perfiles: expertos en comunicación internacional, localizadores y transcreadores nativos, revisores expertos en el sector…

Fíjate, por ejemplo, en cómo la marca francesa de coches Renault tuvo decidió localizar su R17 en Italia como R177 y, así, logró evitar un desplome de las ventas.

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