Cuando una persona conoce a un traductor, suele haber un puñado de frases estándar que se repiten siempre: que cobramos mucho, que Google ya traduce por nosotros, que nos vamos a quedar sin trabajo…

Hoy, recogemos aquí los 10 mitos para traductores que no quieren volver a escuchar y explicar:

1.      Vives unos años en el extranjero y ya eres traductor

Alguna gente cree que con vivir unos años en otro país es suficiente para conocer su idioma y su cultura, pero eso no es necesariamente cierto para nada. Mucha gente que vive fuera durante un tiempo no llega a conocer el idioma más que a nivel básico, o dentro de un ámbito profesional muy reducido. De la misma forma, vivir en el extranjero no significa que te empapes de otra cultura, ya que hay mucha gente que se relaciona con gente de su propio país o con otros inmigrantes de países diferentes.

Por eso, nosotros solamente elegimos a traductores nativos, que conocen de primera mano la cultura y el idioma. Esto no significa que una persona que no sea nativa no pueda ser un buen traductor, en absoluto, pero necesita otros conocimientos que no te da únicamente el vivir en otro país.

2.      Un traductor puede traducir cualquier cosa

Tampoco es cierto del todo: hay documentos de carácter general que cualquier traductor puede traducir, pero lo más habitual es que cada traductor se especialice en uno o varios ámbitos concretos: médico, legal, marketing, poesía, tecnología, patentes, ciencias medioambientales… No es, por lo tanto, nada raro que un traductor rechace un trabajo porque no conoce bien la temática del documento. Es más, es algo a valorar que sea honesto y conozca sus limitaciones.

3.      Los traductores saben muchos idiomas

Hay muchos traductores que solamente conocen dos idiomas y hay otros que hablan seis o más; lo importante no es la cantidad de idiomas que conozcan, sino lo bien que lo hagan y en qué especialidades.

Hay proyectos en los que un traductor que tenga un conocimiento medio de varios idiomas y uno muy bueno de otro te será muy útil y otros en los que será más adecuado contratar a una persona con un conocimiento muy profundo, aunque solo sea de dos idiomas.

Por eso no siempre es cierto que…

4.      Todos los traductores pueden traducir en directo y en inverso

No siempre sucede; de hecho, como nosotros solamente trabajamos con traductores nativos, la misma persona casi nunca va a poder traducir en ambas direcciones: un americano traducirá el texto a inglés y un español lo traducirá a español.

Además, hay muchos traductores que tiene ciertos idiomas como lengua de trabajo (es decir, que la entienden a muy buen nivel y pueden trabajar perfectamente con ella), pero solamente para traducir desde esa lengua a otro idioma.

A la hora de la verdad, un traductor en ambas direcciones es más un mito que una realidad.

5.      Todos los traductores son intérpretes

El trabajo de traductor e intérprete es muy distinto, a pesar de que ambos trabajan con los idiomas como materia prima.

Un traductor trabaja con lenguaje escrito, mientras que un intérprete trabaja de forma oral; por eso, deben manejar habilidades muy diferentes y no siempre sucede que una misma persona pueda traducir e interpretar.

Lo más habitual es que un intérprete haga labores de traductor, pero solo un porcentaje de traductores aceptan hacer también interpretación: hay herramientas muy complejas, es muy cansado a nivel mental y se necesita controlar ciertas prácticas a nivel vocal.

6.      Los traductores son diccionarios con patas

La típica pregunta que se le hace a los traductores es “oye, ¿cómo se dice esto en inglés?”. Y lo sentimos, pero no, no siempre lo sabemos. El verdadero valor de un traductor no es solamente lo que sabe, sino la capacidad de manejar herramientas de calidad que le permitan encontrar cualquier término, aunque no lo conozca.

Esas personas que preguntan tampoco conocen todas las palabras de su lengua nativa y seguramente muchas de ellas tampoco sabrían donde encontrarlas si se trata de vocabulario muy técnico. Un traductor, sí, por eso parte de nuestro trabajo consiste en crear y manejar glosarios, hacer labores de investigación y cuidar una buena red de colegas que te puedan ayudar.

7.      Los traductores solo cambian una palabra por otra

En realidad, los mejores traductores son aquellos que consiguen darle la vuelta a un texto de forma que suena como si se hubiese escrito originalmente en el idioma al que traducen, pero manteniendo el mensaje del texto de origen intacto.

Traducir palabra por palabra es el camino directo al fracaso: hay que tener en cuenta el contexto, la longitud de las frases, la gramática del idioma de destino, la naturalidad del discurso…

Pero como hay personas que creen que el trabajo es así, también piensan que…

8.      No hace falta entender el texto para traducirlo

Por supuesto que hace falta entenderlo, porque igual que el texto original gira alrededor de una idea nueva, el texto traducido gira alrededor de ese mismo concepto. ¿Cómo vamos a traducir si no lo entendemos? Así que, el primer paso de toda buena traducción es una buena lectura.

9.      Los traductores ganan mucho dinero

Los traductores no suelen ser millonarios: son traductores autónomos en un mercado que se define por sus picos. En la traducción, siempre hay épocas buenas que se alternan con épocas de menos trabajo, lo que significa que los ingresos no siempre son estables. Además, a todo eso los traductores autónomos tienen que restarle los impuestos.

En realidad, un traductor no solo te está vendiendo la palabra exacta, aunque eso pone en el presupuesto, sino su tiempo de traducción, de investigación, de revisión, de corrección y todo el tiempo de preparación que ha tenido a lo largo de su vida para llegar a poder traducir tu documento o interpretar tu reunión. Además, si es tu traductor habitual, gestionará tu terminología, actualizará tus memorias de traducción, aprenderá el estilo comunicativo de tu empresa…

10. Todos los traductores traducen literatura

Una de las primeras preguntas cuando conoces a un traductor suele ser “¿Y qué libros has traducido?”. No, no todos los traductores traducen libros. De hecho, solamente un pequeño porcentaje de traductores lo hacen, aunque la mayoría empezamos en este oficio con esa esperanza.

La verdad es que el tipo de documentos que acabas traduciendo suelen ser, en su mayoría, bastante técnicos: médicos, financieros, científicos… La amplia mayoría de los textos que se escriben en el mundo no tienen nada de literario ni de artístico: tus emails son textos, los informes a tu jefe son textos, los certificados universitarios son textos, los informes médicos son textos también.

Normalmente, acabas en tu especialidad no porque tú la elijas conscientemente, sino porque tu profesión te lleva por un camino que, al final, es el que marcan tus clientes – a menos que puedas permitirte el lujo de decidir quiénes son tus clientes. Por eso hay traductores especializados en etiquetas de pescado congelado, aunque parezca mentira.