Google Translate es como esas personas que son más jóvenes, más altas y más guapas en Internet: parece perfecto, pero a la hora de la verdad te llevas un chasco. Esta herramienta de TA se presenta así: “El servicio gratuito de Google traduce instantáneamente palabras, frases y páginas web del español a más de 100 idiomas y viceversa.” Lo de instantáneo, de acuerdo; lo de más de 100 idiomas, vale; pero está ampliamente demostrado que lo de traducir no lo hace tan bien. Que los profesionales de la traducción se la tenemos jurada a este servicio de Google no es una noticia ni un secreto: lo decimos cada vez que tenemos ocasión. Pero, aun así, parece que alguna gente no acaba de creérselo. Por eso, queremos explicaros cómo funcionan los engranajes de Google Translate para explicar por qué no funciona en lugar de simplemente avisar por enésima vez de que no funciona.

¿Qué pasa cuando pulsas el botón de ‘traducir’?

Para empezar por el principio, el Traductor de Google no utiliza un análisis basado en reglas gramaticales, sino algoritmos de análisis estadísticos. Así, Google creó lo que se llama traductor automático estadístico (si quieres saber lo que es, puedes leerlo aquí), lo que quiere decir que Google analiza cientos de millones de textos virtuales escritos y traducidos previamente por humanos a los que tiene acceso en su corpus bilingüe y devuelve la que considera mejor coincidencia (habitualmente, la más popular) para la búsqueda que hemos introducido. Aunque han ido mejorando paulatinamente las carencias que suponía no tener en cuenta normas gramaticales (no tenía en cuenta el género de las palabras, los plurales, las formas verbales, etc.), de momento solo tiene en cuenta las funciones gramaticales básicas que se pueden obtener de su corpus. Y esto no es una simple insuficiencia temporal: la traducción automática estadística, por definición, se opone al análisis basado en reglas gramaticales, así que si algún día introdujeran este tipo de análisis tendrían que implementar cambios mayores en el sistema.

Internamente, lo que hace el Traductor, y lo que puede generar una gran cantidad de problemas, es traducir de la lengua original al inglés y del inglés a la lengua de destino en lugar de buscar directamente de la lengua A a la lengua B. Esta traducción se conoce como traducción indirecta, y tiene un potencial riesgo al encadenar faltas o perder gran cantidad de sentido al hacer una doble traducción. El mayor problema es que hay un grupo de idiomas, como el bielorruso, el catalán, el gallego, el urdu, etc. que no tienen una traducción directa a o desde el inglés, así que pasan por hasta tres traducciones. Por ejemplo, el ucraniano pasaría primero al ruso, luego del ruso al inglés y finalmente del inglés al español, multiplicando así el riesgo de cometer errores.

A partir de 2016 el Traductor empezó a utilizar también traducción automática neuronal en inglés, francés, alemán, portugués, español, chino, japonés y turco. Es decir, que incluye una herramienta de traducción automática con memoria, que aprende con el tiempo y acepta las sugerencias de los usuarios para mejorar la calidad de sus traducciones.

¿Cuál es el problema que tiene el Traductor de Google, entonces?

Bueno, en realidad no es un problema sino varios:

  1. Utiliza traducción indirecta (no va directamente de un idioma a otro, sino que, a veces, pasa por uno o varios idiomas intermedios); de hecho, utiliza traducción indirectísima, a veces. Como ya hemos dicho, es una estrategia arriesgada y que necesita un control humano muy atento.
  2. Ni conoce las normas del lenguaje ni le interesan, así que, aunque te devuelva una traducción carente de sentido (ya no por el significado, sino porque ni siquiera es inteligible o gramaticalmente posible en el idioma de destino) no se va a dar cuenta.
  3. No funciona sin humanos. Como toda máquina, Google necesita una supervisión y un control humano y no es en absoluto fiable por sí mismo. Ya no solo eso, sino que el Traductor te miente si te ha hecho creer que no utiliza intervención humana: desde el primer momento, cuando consulta su corpus de traducciones hechas por personas, hasta el final, cuando permite a los usuarios sugerir cambios para mejorar la calidad de sus traducciones.

Es por eso que los traductores nos echamos a reír, cuando oímos eso de que ahora traducir es facilísimo y que nos vamos a quedar sin trabajo porque Google ya lo hace por nosotros. Como diría Google Traductor: It’s a piece of cake, es una pieza de tarta…