Al aconsejar a nuestros clientes que siempre apuesten por una traducción de calidad, nos damos cuenta de que muchas veces estas son solo un cliché, palabras vacías que no acaban de tener mucho significado. Por eso, queremos dejar bien claro de qué hablamos cuando hablamos de traducción de calidad.

Cosas de traductores…

Para la mayoría de la gente, traducción de calidad no tiene un significado exacto ni definido: la traducción no es una mesa y no puedo medir la calidad de su madera, la comodidad de su diseño ni la buena mano de obra a la hora de montarla.

De hecho, para la mayoría de las personas solamente suena al profesor de inglés del instituto diciéndoles que ese the sobra o al de francés corrigiéndoles una tilde. Y eso, seguramente, se debe, en parte, a que las propias agencias y traductores nos conformamos con hablar en términos tan vagos como “traducción de calidad” sin entrar en lo que significa realmente o cómo puede afectar a nuestro cliente.

Cuando lo único que tienes es un documento traducido o un presupuesto para traducción, es muy difícil para una persona que no sea experta en traducción o lenguaje evaluar la calidad de una traducción, y esto hace que, muchas veces, nuestras recomendaciones caigan en saco roto.

¿Qué hace que una traducción sea de calidad?

En realidad, cuando hablamos de traducción de calidad, de lo que estamos hablando realmente es de experiencia de cliente: cuando encargas una buena traducción, significa que tanto tú como la persona que va a recibir la traducción vais a tener una buena experiencia de cliente.

Muchas veces se dice que la calidad en traducción es algo subjetivo, pero en realidad no es así en absoluto: hay una serie de parámetros que nos permiten identificar sin duda una traducción de buena – o mala – calidad.

  • Que el contenido traducido corresponde fielmente al original: esto no significa traducir palabra por palabra, sino traducir todo el contenido de un documento adaptándolo al idioma de destino.
  • Que utilizamos la terminología correcta, el vocabulario, las expresiones, los tecnicismos y la jerga adecuados según el campo temático y el registro (formal, informal, didáctico…) necesarios.
  • Que la gramática, ortografía y sintaxis son perfectas, no porque seamos unos frikis del lenguaje (que también), sino porque una puntuación correcta y una sintaxis clara pueden cambiar drásticamente el significado de una frase.
  • Que el estilo es el adecuado para el documento que traducimos, es decir, que está en línea con el tema, el autor, el significado y la intención.

Pero, por raro que pueda parecer, una traducción de calidad (es decir, una experiencia de cliente positiva) no se mide solamente por la corrección del texto, sino también por la forma de trabajar de la agencia:

  • Que nos responsan de forma rápida y precisa.
  • Que estén en constante contacto con nosotros para resolver problemas o dudas, tanto de nuestra parte como del equipo de traducción.
  • Que cumplan los plazos de entrega y los requisitos del cliente.
  • Que el texto esté revisado, tanto mejor si está doblemente revisado.
  • Que trabajen con traductores nativos, con una trayectoria demostrable y con experiencia en el tema que van a traducir.
  • Que tenga certificados de calidad.

Básicamente, una traducción de calidad significa que el texto traducido producirá una comunicación efectiva (sin malentendidos ni inconsistencias), que repercutirá en un ahorro de tiempo y en mayores ganancias para nuestro cliente.

Todo esto son aspectos que, como cliente, se tiene el derecho de exigir.

Pero, ¿cómo sé si una traducción que no entiendo es de calidad?

Sin embargo, es cierto que para un cliente es muy difícil saber cuándo una traducción es de calidad: seguramente si traducimos a su lengua materna, pueda saber si el texto en español se entiende, pero no si se ha traducido fielmente o no; si se traduce a otro idioma, seguramente no tendrá capacidad para valorarlo, incluso aunque sea un idioma más o menos conocido, porque lo habitual es que una traducción no suene bien a una persona que no sea nativa del idioma.

¿Qué hacer, entonces? Lo mejor es preguntar sin pudor a la persona que recibe el texto: ¿se entiende? ¿es adecuado? ¿es claro? Si responde que sí, entonces la traducción es de calidad; si no, entonces seguramente deberíamos hablar con la agencia de traducción para ver por qué a la traducción le falta calidad.